viernes, 6 de marzo de 2015

SÍNDROME DE WILLIAMS Y LA MÚSICA.

Bien es sabido que las personas con síndrome de Williams tienen una capacidad increíble para la música, tanto es así, que leyendo diversas páginas de internet he llegado a la conclusión de que Mozart podría padecer síndrome de Williams.
Sus rasgos físicos eran: estrabismo, mala disposición dental y su corta estatura de 1.50. También hay datos biográficos que lo califican como una persona hiperactiva, con tics y lenguaje escatológico (grosero). Por su puesto su rasgo más predominante y por lo que la mayoría de las personas lo conocen es por su talento musical derivado de su hiperacusia, esto provocaba que Mozart no soportase el sonido de la trompeta, únicamente lo podía escuchar enmascarado por la orquesta.
Esta hiperacusia, o la disminución a la tolerancia de los sonidos también es lo que hace que sean más sensibles a ellos y por lo tanto que tengan una capacidad asombrosa a la hora de afinar instrumentos o saber qué nota está sonando.
La duda que atañe a las asociaciones que trabajan con Williams es si todos ellos son como Mozart. Lo que sí está presente, es que utilizan la música como un elemento de intervención que permite a las personas situarse en la vida a nivel personal y disponer de un medio de comunicación.

Si yo trabajase con un niño con este Síndrome, lo primero que haría sería potenciar su percepción de los sonidos para que aprenda a diferenciarlos y que esto nos sirva de apoyo a la hora de diferenciar fonemas y por ello palabras.

Cuando he buscado una actividad como ejemplo para aprender a discriminar sonidos no he encontrado ninguna que me pudiera servir, por lo que he decidido crear una. La he titulado “Vamos a jugar con los sonidos” y es muy sencilla. Hay unas casillas con el nombre de las notas, donde se reproduce la nota que es clicando encima. Posteriormente, hay unos altavoces que reproducen los mismos sonidos, pero esta vez desordenados y sin el nombre, por lo que el niño ha de escucharlos para poderlos unir con su pareja.
El ejercicio en sí es “un boceto” de lo que podría ser en realidad, ya que no he incluido los semitonos y la música que suena soy yo haciendo las notas, porque en este momento no tenía otro recurso mejor.



 También se pueden utilizar juegos que utilicen sonidos. Un ejemplo de este juego es el “Piano Pooch” que consiste en memorizar una secuencia de sonidos reproducidos por un perro para después repetirlos. Trabaja la memoria, pero para mi parecer también puede servir para ejercitar la atención y la percepción de los sonidos, ya que el perro va bastante deprisa y muchas veces es mejor guiarse por la percepción auditiva que viendo la tecla que pulsa el perro. Podéis encontrar el juego en:



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