Bien es sabido que las personas con síndrome de Williams
tienen una capacidad increíble para la música, tanto es así, que leyendo
diversas páginas de internet he llegado a la conclusión de que Mozart podría
padecer síndrome de Williams.
Sus rasgos físicos eran: estrabismo, mala disposición
dental y su corta estatura de 1.50. También hay datos biográficos que lo
califican como una persona hiperactiva, con tics y lenguaje escatológico
(grosero). Por su puesto su rasgo más predominante y por lo que la mayoría de
las personas lo conocen es por su talento musical derivado de su hiperacusia, esto
provocaba que Mozart no soportase el sonido de la trompeta, únicamente lo podía
escuchar enmascarado por la orquesta.
Esta hiperacusia, o la disminución a la tolerancia de los
sonidos también es lo que hace que sean más sensibles a ellos y por lo tanto
que tengan una capacidad asombrosa a la hora de afinar instrumentos o saber qué
nota está sonando.
La duda que atañe a las asociaciones que trabajan con
Williams es si todos ellos son como Mozart. Lo que sí está presente, es que
utilizan la música como un elemento de intervención que permite a las personas
situarse en la vida a nivel personal y disponer de un medio de comunicación.
Si yo trabajase con un niño con este Síndrome, lo primero
que haría sería potenciar su percepción de los sonidos para que aprenda a
diferenciarlos y que esto nos sirva de apoyo a la hora de diferenciar fonemas y
por ello palabras.
Cuando he buscado una actividad como ejemplo para
aprender a discriminar sonidos no he encontrado ninguna que me pudiera servir, por
lo que he decidido crear una. La he titulado “Vamos a jugar con los sonidos” y
es muy sencilla. Hay unas casillas con el nombre de las notas, donde se
reproduce la nota que es clicando encima. Posteriormente, hay unos altavoces
que reproducen los mismos sonidos, pero esta vez desordenados y sin el nombre,
por lo que el niño ha de escucharlos para poderlos unir con su pareja.
El ejercicio en sí es “un boceto” de lo que podría ser en
realidad, ya que no he incluido los semitonos y la música que suena soy yo
haciendo las notas, porque en este momento no tenía otro recurso mejor.
También se pueden
utilizar juegos que utilicen sonidos. Un ejemplo de este juego es el “Piano
Pooch” que consiste en memorizar una secuencia de sonidos reproducidos por un
perro para después repetirlos. Trabaja la memoria, pero para mi parecer también
puede servir para ejercitar la atención y la percepción de los sonidos, ya que
el perro va bastante deprisa y muchas veces es mejor guiarse por la percepción
auditiva que viendo la tecla que pulsa el perro. Podéis encontrar el juego en:

No hay comentarios:
Publicar un comentario